-DESTACADO-

CUALQUIERA VALE

¿Hola Ana? ¿Estás trabajando? Sí, en una publi, un par de días. Vale, pues te cuento rápido. Te llamo por una peli, para incorporarte la semana que viene. Son siete semanas y el sueldo…

Con una llamada tipo, similar a la anterior, un jefe de producción forma equipos a velocidad de vértigo. No hay plazos, hay una confianza enorme entre las partes y una disposición al trabajo envidiable para cualquier otro sector. Incluso demasiada confianza por nuestra parte si no pedimos el contrato por escrito en esa misma conversación.

Por ello, un técnico de cine o de audiovisual, en general, debe saber valorar su aportación a una producción. Lamentablemente, los puntos suspensivos de la conversación de arriba, se rellenan con una cifra cada vez más baja. Tenemos que parar esto. Y sólo lo podemos hacer conjuntamente. Y la oportunidad es el convenio del 2012.

Todos sabemos que, hace ya tiempo, el audiovisual se forma por miles de técnicos que salen de escuelas de formación profesional, escuelas de cine y universidades. Se ha extendido entre los empresarios la idea de que, “cualquiera vale” para hacer ciertos trabajos. En este sector, no hay nada más equivocado. Una bolsa de atrezzo que tenía racord, para un rodaje; un auxiliar que no tiene seguridad, puede velar un chasis y perder el trabajo de una jornada; vestuario, maquillaje, peluquería, luces... todos son necesarios y todos con la misma exigencia de calidad. No vale todo y no vale cualquiera, en esta estructura tan jerarquizada.

Pero últimamente los rodajes se llenan de becarios y, en el mejor de los casos, de “contratos de formación”. Todos hemos empezado alguna vez y esto no es un ataque contra los que están empezando ahora; es una información para que sepan que están abusando de ellos.

Pero queremos remarcar la idea de que nuestra formación como técnicos requiere tiempo. Normalmente, una parte de ese tiempo la ponemos nosotros en nuestros estudios, otra parte es conjunta entre técnicos y empresas dedicando el tiempo necesario a cada categoría laboral y no dando responsabilidades a quien no está preparado para asumirlas. Hay que saber decir que no, para poder decir que sí, cuando tengamos la oportunidad. Y hay que saber que aceptar cualquier cosa (e incluso ofrecer cualquier cosa indigna) es echar piedras contra nuestro propio tejado, nuestro propio futuro.